Desde la cárcel, firmada con sangre


Con sangre ha sido firmada esta carta desde el presidio por unas pocas cubanas que exigen de inmediato su liberación. Tendríamos que agregar a esta carta, otras cientos de firmas que convertirían el documento en un baño de sangre, haciendo todo trazo de tinta ilegible. Fueron cubanos que se quejaron en voz alta de la situación en que viven. Lo hicieron más allá de una cola del pan o en medio de la desesperación por encontrar azúcar o arroz para comer, agobiados por los apagones o un familiar que muere entre las manos a falta de medicamentos. Tuvieron el coraje de enfrentarse al poder absoluto del estado, ese demonio despótico que es la causa de toda nuestra desgracia. En respuesta, no solamente los metieron presos, sino que desplegaron los recursos más abominables que ustedes puedan imaginar. Maltratos, golpes, persecución a la familia. Sucede todos los días. Madres que desde Matanzas han viajado a ver a sus hijos presos en Oriente, porque así de salvaje es el régimen, y cuando llegan las hacen esperar horas enteras para luego negarles la visita o arrojarles en la cara la comida que llevan en una bolsa a sus hijos. Mira que se ha visto gente llorar a las afueras de esas cárceles, hacer el viaje de vuelta aplastados por un dolor que no se puede describir. Hay que sentirlo, sufrirlo en carne propia. Por si alguien no lo sabe o tiene el cuello torcido en una dirección que se llama “indiferencia”, hay más de mil presos políticos en las cárceles cubanas en estado de sufrimiento. 

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