Por Yamil Cuéllar
El ascenso de Nelson Valdés desde los escenarios de Cienfuegos hasta la Asamblea Nacional del Poder Popular estuvo acompañado por una transformación pública de su discurso. El trovador que criticaba a las instituciones culturales y cuestionaba a otros músicos por su cercanía al poder terminó defendiendo al Gobierno cubano, llamando «padre» a Miguel Díaz-Canel y ocupando responsabilidades parlamentarias.
Su trayectoria no puede explicarse únicamente desde la música. Detrás de esa promoción aparecen relaciones con funcionarios culturales, dirigentes políticos y personas vinculadas a la Seguridad del Estado. También figura su participación en el esquema de contratación y extracción de recursos públicos organizado alrededor de Miguel Cañellas, director del Teatro Tomás Terry.
Esta investigación examina esas conexiones y el proceso mediante el cual un artista de proyección provincial se convirtió en diputado nacional, con aspiraciones de llegar al Ministerio de Cultura.
De Cumanayagua a los circuitos institucionales
Nelson Valdés nació en La Sierpe, Sancti Spíritus. Durante su infancia, la familia se estableció en Cumanayagua, municipio de Cienfuegos. Posteriormente ingresó en la Escuela Provincial de Instructores de Arte y comenzó a destacar por sus aptitudes musicales.
Su participación en las presentaciones de la Trovuntivitis, en Santa Clara, contribuyó a darlo a conocer. Formó una banda y empezó a abrirse espacio dentro de los circuitos culturales.
Sin embargo, tanto él como los integrantes del grupo eran instructores de arte y, por su condición de docentes, no podían ejercer como músicos profesionales. La intervención de un miembro del comité de evaluación, que los puso en contacto con la dirección del Instituto Nacional de la Música, permitió que fueran evaluados. De todos los integrantes, solo Valdés obtuvo la aprobación.
A esa oportunidad se sumó su incorporación a la UNEAC provincial, cuando todavía no tenía la edad requerida, según la reconstrucción de su trayectoria recogida en esta investigación.
La presidencia de la organización en Cienfuegos estaba relacionada con el entorno de Miguel Cañellas. Esos vínculos resultarían importantes para el desarrollo posterior de su carrera.
El viaje a Minneapolis
En 2013, una persona procedente de Minneapolis promovió un intercambio para llevar artistas cubanos a Estados Unidos. Nelson Valdés se incorporó al proyecto.
Antes de presentarse ante la representación diplomática estadounidense, manifestó a sus acompañantes una preocupación: que las autoridades conocieran la verdadera ocupación de su hermano, Pedro Valdés, presentado públicamente como abogado, pero perteneciente a la Seguridad del Estado.
Nelson explicaba entonces que ambos mantenían diferencias políticas y que su relación no era buena. Esa explicación encajaba con la imagen contestataria que proyectaba entre otros artistas.
Su estancia en Minneapolis incluyó actuaciones musicales y la venta de tabacos y discos con sus canciones. También estuvo marcada por el consumo de alcohol y marihuana. Durante las presentaciones llegó a olvidar las letras de sus composiciones.
El consumo continuó después de aquel viaje. En 2015, durante un regreso a Cuba desde México, introdujo marihuana oculta en la suela de un zapato por el aeropuerto internacional José Martí. La sustancia fue consumida durante el trayecto entre La Habana y Cienfuegos.
Estos episodios forman parte de una trayectoria personal que contrasta con la imagen de disciplina y ejemplaridad proyectada posteriormente desde las instituciones.
Deudas, equipos y un conflicto por una vivienda
Durante una etapa de su carrera, Valdés dependió de préstamos y de la ayuda de amigos para cubrir necesidades básicas. Llegó a residir en instalaciones de la AHS de Cienfuegos y recibió apoyo para comprar alimentos, cigarrillos y otros productos.
De su primer viaje a Estados Unidos regresó con un teclado profesional, una consola de ocho canales, micrófonos, instrumentos de percusión y otros equipos. Terminó vendiéndolos para afrontar deudas y dificultades económicas.
Otro conflicto estuvo relacionado con una vivienda construida en Cienfuegos mientras se encontraba de misión en Venezuela. Su entonces pareja quedó a cargo de la obra. Tras la ruptura, Valdés se negó a entregarle la parte que le correspondía.
Después del litigio, vendió la propiedad por aproximadamente ocho mil dólares, pero no completó la firma de los documentos a favor de la compradora. La evasión del trámite derivó en un enfrentamiento en los jardines de la UNEAC, donde la mujer lo encaró y lo golpeó.
El vínculo con Miguel Cañellas
En una entrevista con el medio elTOQUE, Nelson Valdés negó pertenecer a las «mafias» de la música cubana. Afirmó que no participaba en sobornos, comisiones ni mecanismos ilícitos para obtener conciertos y contratos.
Sin embargo, desde 2015 intervenía en el esquema desarrollado por Miguel Cañellas para extraer recursos de los eventos culturales de Cienfuegos.
Como expuse en la investigación sobre el director del Teatro Tomás Terry, determinados artistas actuaban como intermediarios para concentrar contrataciones y devolver una parte del dinero a quienes controlaban los presupuestos.
Valdés ocupó un lugar destacado dentro de esa estructura. Su relación con Cañellas no se limitaba a las presentaciones: el director del Terry había sido su productor y representante. Osiel, técnico vinculado a la salida de equipamiento del teatro, también llegó a trabajar como productor del trovador.
La contratación reiterada de Valdés y la asignación de actuaciones adicionales permitían incrementar los pagos dentro de los eventos. La relación beneficiaba al artista y a los organizadores que intervenían en la distribución del dinero.
La denuncia de los artistas
Una carta firmada por artistas locales denunció la autorización de pagos extraordinarios a participantes de la Brigada Cultural de la AHS en Cienfuegos.
El documento situaba a Nelson Valdés y sus cuatro músicos en primer lugar, con 400.000 pesos cubanos, y mencionaba otros 100.000 pesos para un videoclip.
La denuncia llegó a manos de Irán Millán Cuétara, conservador de la ciudad y diputado en aquel momento. No produjo una actuación que desarticulara el mecanismo denunciado.
Millán Cuétara mantenía relaciones con Miguel Cañellas, quien había utilizado su influencia para impulsar la autorización de esos recursos. La carta terminó dentro del mismo entorno institucional al que señalaba.
No era la primera ocasión en que Valdés obtenía pagos elevados mediante esas relaciones. En oportunidades anteriores también había conseguido contrataciones cuyos ingresos no distribuyó entre los músicos que lo acompañaban.
El 11J como punto de inflexión
Antes de las protestas del 11 de julio de 2021, Valdés mantenía entre sus conocidos una imagen crítica. Escuchaba a Los Aldeanos, cuestionaba decisiones de las instituciones culturales y calificaba de oportunista la conducta de Buena Fe.
Tras el 11J, su discurso público cambió. La revisión cronológica de sus publicaciones permite observar la diferencia entre aquella posición y la defensa abierta del Gobierno que asumió después.
La transformación sorprendió a personas que lo conocían. Sin embargo, su relación con las instituciones venía de antes: pertenecía a la UNEAC, a la AHS y al Centro Provincial de la Música; había ocupado responsabilidades dentro de la estructura musical de la AHS en Cienfuegos y representado oficialmente a Cuba en España y Venezuela.
Su aparente distancia del poder coexistía con una carrera sostenida desde ese mismo entramado.
Durante los viajes al extranjero, además, mostraba interés por conocer las actividades económicas de otros artistas: si habían vendido obras, cuánto habían cobrado y si cambiarían dólares al regresar a Cuba. Esa conducta adquiere otra dimensión al examinarla junto con sus vínculos familiares e institucionales.
De la defensa del Gobierno al Parlamento
El 11 de septiembre de 2021, apenas dos meses después de las protestas, Valdés participó en un encuentro de miembros de la AHS con Miguel Díaz-Canel.
Allí afirmó que era urgente «defender desde el arte este proyecto inclusivo y humanista» y pidió fortalecer la vanguardia artística y las instituciones culturales.
En febrero de 2023 apareció oficialmente entre los candidatos a diputados por Cienfuegos. Posteriormente resultó electo a la Asamblea Nacional.
El 29 de junio de ese mismo año fue designado secretario del Grupo Parlamentario de Amistad Cuba–Reino Unido.
En menos de dos años, el músico que había mantenido una imagen contestataria pasó a defender públicamente al Gobierno y a ocupar responsabilidades dentro del Parlamento nacional.
La red que acompañó su promoción
En ese ascenso confluyen varias relaciones. Una de ellas es la de su hermano Pedro Valdés con la Seguridad del Estado. Otra es el respaldo de Miguel Cañellas y su entorno en las instituciones culturales de Cienfuegos.
También aparecen Irán Millán Cuétara; dirigentes de la UNEAC provincial; Rafael González Muñoz, quien presidió la AHS nacional, y Frank Armando Pérez, vinculado a la dirección de esa organización en la provincia.
A esa estructura se suma Luis Morlote Rivas, cuya trayectoria pasó por la dirección de la AHS, el Noticiero Cultural, la presidencia nacional de la UNEAC y responsabilidades en la estructura auxiliar del Comité Central del Partido Comunista para el trabajo ideológico.
Valdés mantuvo, además, una estrecha relación con Maridé Fernández, ex primera secretaria del PCC en Cienfuegos.
Otra conexión relevante es su amistad con Miguel Díaz-Canel Villanueva, hijo de Miguel Díaz-Canel Bermúdez y Marta Villanueva, conocido artísticamente como Miguel DeCuba o Miguelito D’Cuba.
Díaz-Canel Villanueva fundó en 2017 la agrupación de pop-rock D’Cuba, en la que también participa su hermana Jenny. El proyecto forma parte del entorno artístico relacionado con la AHS.
La cercanía de Valdés con el hijo del mandatario añade un vínculo directo con la familia presidencial a las relaciones que ya había construido en Cienfuegos y en las organizaciones culturales nacionales.
La aspiración de llegar al Ministerio de Cultura
La promoción parlamentaria no constituye el objetivo final de Nelson Valdés. Según sus propias confidencias, su aspiración es convertirse en ministro de Cultura.
Esa ambición permite comprender el alcance del recorrido: de los escenarios provinciales a las organizaciones nacionales, de la defensa pública del Gobierno al Parlamento y, desde allí, la búsqueda de una responsabilidad ministerial.
Su ascenso reúne elementos que exceden el mérito artístico. Lo acompañan relaciones políticas, respaldo institucional y vínculos con personas que controlan contrataciones y presupuestos culturales.
El contraste también alcanza su obra. Canciones como Labios en cruz, A lo largo del camino y Solo quiero verla pertenecen a una etapa de mayor elaboración. En composiciones posteriores predominan los coros repetitivos y una menor diversidad de estrofas. A juicio de este autor, la pérdida de profundidad coincide con su acercamiento al discurso oficial.
La cuestión central, sin embargo, no es una valoración musical. Es el modo en que un artista involucrado en las prácticas descritas ha sido promovido como representante de la ciudadanía.
El caso de Nelson Valdés muestra cómo las redes de poder cultural y político pueden impulsar una carrera parlamentaria y presentar como ejemplar una trayectoria atravesada por conflictos, beneficios institucionales y participación en mecanismos de corrupción.
Yamil Cuéllar
La Proa del Centro


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